vassal.host aclara el concepto de soberanía tecnológica. Para los dirigentes, no para los ingenieros. Definimos los términos, ponemos los datos técnicos en su sitio, rompemos con los prejuicios y analizamos de qué depende realmente aquello que creemos controlar.
La tecnología no es más que una herramienta. La cuestión es quién controla qué y cómo respondemos a ello hoy en día.
Qué entendemos por soberanía
La soberanía no es el color de una bandera ni la nacionalidad de un accionista. Tampoco es la autarquía ni el aislamiento. Es la capacidad de decidir y de no poder ser desconectado. Dependiendo del tema, adopta una forma diferente.
A veces es independencia, cuando el bien es vital e insustituible. A veces es control, cuando existe el mercado: varios proveedores de tamaño y calidad equivalentes, intercambiables, que solo responden ante nuestra legislación. A veces es la capacidad de hacer, cuando los conocimientos técnicos son escasos y hay que conservarlos o reconstruirlos. Y siempre es la resiliencia ante la interrupción: un contrato conforme no protege si la tecnología y la gestión permanecen en manos de un tercero que puede detenerlo todo.
Las normas de la casa
No se juzga a nadie. Los proveedores, las instituciones y los programas son objeto de análisis, nunca objetivos a los que atacar. Diseccionamos discursos y estructuras, no intenciones. Y mantenemos a raya los extremos: ni aislacionismo, ni repliegue identitario, ni deriva intervencionista. La soberanía es un asunto de adultos, y la tratamos como tal.
Quién lo edita
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